Tren del fin del mundo, Ushuaia – Tierra del fuego

Nos subimos al tren más austral, al Tren del Fin del Mundo. Quique Díaz nos cuenta cómo empezó desde el minuto cero este lindo proyecto, en el que viajan unos 100 mil turistas de todas partes del mundo por año. Desde 1994, este tren turístico recrea el viaje de los presos desde el penal de Ushuaia hasta los bosques del faldeo del monte Susana.  Sol, lluvia, nieve acompañaron el viaje, ¡sólo en el Fin del Mundo se pueden vivir las cuatro estaciones en un solo día!

Quique Díaz viste una gorra gris, un traje del mismo tono, un uniforme que remite a aquellos jefes de estación. Cuando se le pregunta, si él sería el jefe de estación, sonríe y responde con orgullo: “¡No sería, lo soy!”. Un trabajo que obtuvo por haber creado desde el minuto cero el Tren del Fin de Mundo. Quique fue marino mercante, pero cuando nació su hijo dejó de navegar por los mares para anclarse en Tierra del Fuego, con un espíritu emprendedor y “en vez de llevarse sus ahorros a paraísos fiscales” decidió cumplir un sueño en su propia tierra. Y, paradójicamente, lo hizo cuando los ferrocarriles cerraban, en 1994. Hoy, su proyecto es una realidad que costó unos 7 millones de dólares y que mueve unos 100 mil turistas al año.

Quique fue marino mercante, pero cuando nació su hijo dejó de navegar por los mares para anclarse en Tierra del Fuego

“Me fui a Gran Bretaña, me traje los planos y construí la primera locomotora a vapor en la historia de la Argentina, traje un ingeniero de Inglaterra y construimos locomotoras a vapor, coches, esta estación. Hicimos todo de nuevo, en los talleres entrenamos carpinteros, mecánicos, fresadores, torneros, todos trabajando para que el turista tenga a bordo una emoción que tratamos de que sea única”, explica con entusiasmo Quique, mientras sonríe a los visitantes, hace algunas bromas y recibe los tickets para ingresar al andén, como un buen jefe de estación.

La historia de este tren está íntimamente ligada a otro que también recorría esta zona, el de los presos. Desde que comenzó a funcionar en 1910, todos los días a las 7 de la mañana salían del presidio vestidos con sus trajes a rayas azules y amarillas en verano, y con abrigos azules en invierno; iban a cortar leña y juntar piedras a los bosques del Monte Susana. Con sus piernas colgadas de las vagonetas, custodiados por los guardias, recorrían 25 kilómetros. Muchos pobladores, los más antiguos que, en esa época eran niños, recuerdan el paso del tren. Cuentan también que algunos habitantes del pueblo les dejaban comida, cigarrillos, chocolates y hasta cartas de familiares entre los árboles del bosque. El tren siguió circulando hasta 1952, aunque la cárcel cerró 5 años antes.

La historia de este tren está íntimamente ligada a otro que también recorría esta zona, el de los presos.

En este tren repleto de turistas de todas partes del mundo, el recorrido es menor: hace los últimos 7 kilómetros de los 25 que hacía el de los presos, nadie va con los pies colgados, sino sentados en cómodos vagones y mientras transita un hermoso valle, salpicado por los troncos, ahora grises, de los árboles talados por los presos, se va escuchando la historia de lo que fue el pasado de esta parte de la Patagonia argentina. Atraviesa el Cañadón del Toro, cruza el río Pipo, bautizado así en honor a un preso que murió ahogado, el humo blanco de la locomotora se mezcla entre el verde de las lengas.

El paisaje acompaña con su belleza las narraciones que se realizan en varios idiomas, de pronto cae nieve y todo parece cambiar de color, el gris se posa sobre el cielo, pero en la primera, y única, parada del recorrido, Estación Cascada La Macarena, el sol arremete y el cielo se vuelve azul. Muy azul. Bendito clima.

Agradecemos al Ente Patagonia ArgentinaInstituto Fueguino de TurismoMinisterio de Turismo de la Nación

 




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