Postales de Angra Dos Reis

Hay que imaginar que durante un año se podría conocer cada día una isla. No es una locura, aquí aseguran que hay unas 365. Tal es el manojo de pequeñas porciones de tierra que surgen de un mar verde, tan verde, que por momentos muta a turquesa. Con sólo disfrutar de un puñado de ellas alcanza para dar por sentado lo que los folletos de turismo pregonan. Y al fin y al cabo, no es momento de poner en duda esta cifra, ni tampoco la de las dos mil playas que, dicen, se desperdigan en esta bahía. Los días que restan alcanzarán para comprobar que cada una de ellas tiene una fisonomía diferente y que no es necesario contabilizarlas para disfrutar de su belleza natural. Las hay con arenas casi como la harina, que cruje bajo los pies al caminar, las hay con arenas más gruesas y amarillas, muy parecidas a la de la costa argentina y hasta se pueden encontrar algunas muy oscuras.

Este pintoresco lugar fue descubierto por los portugueses el 6 de enero de 1502, quizás como un buen regalo del Día de Reyes, fecha que no hizo dudar en cuál sería su nombre a Gaspar de Lemos, cuando encalló en lo que es hoy Ilha Grande. A Angra Dos Reis la separan un poco más de 150 kilómetros de Río de Janeiro




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