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Los escritores y el vino

Corría la década del ’60, una de las décadas más ricas del siglo XX, cuando se desató un fenómeno literario, político, social y cultural llamado «boom latinoamericano». Este movimiento literario estaba conformado por Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa. Justamente vemos a este último en la foto junto al poeta Pablo Neruda y los escritores Roger Caillois y Ángel Rama, de pie, departiendo en una reunión de música y vinos.

Esta foto versa sobre un encuentro literario en Viña de Mar en 1969, año en el que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, estrenara su tercera novela llamada «Conversación en la catedral». Asimismo, vemos a un Pablo Neruda sonriente, festivo, alegre, con una botella de vino blanco en la mano, departiendo junto a sus amigos al son de una guitarra y las letras de alguna tonada, cueca o esquinazos, músicas tradicionales de la región del Maule, donde el Sauvignon Blanc se presenta con una tipicidad exquisita y de donde Neruda era oriundo.

Conocido es el gusto del poeta chileno por el vino. En muchos de sus poemas encontramos vestigios de su gusto y pasión por esa bebida, de hecho por ese año escribía junto a Miguel Ángel Asturias el libro «Comiendo en Hungría», en el cual, entre humor, comida y vinos, narran sus aventuras en tabernas, restaurantes y mesas distintas de Budapest.

La botella que Pablo Neruda tiene en su mano es una clásica botella alsaciana y si sumamos que el poeta era un hombre que viajaba mucho por Europa y gustaba de los buenos vinos, no sería arriesgado pensar que se trata de un Riesling francés de la zona de Alsacia o un alemán de la zona del Rhin, esto en relación a la tipicidad de la cepa, ya que una de las virtudes del Riesling es su color acerado o transparente, como el vino que se ve en la copa, y de marcada nota mineral. Esto último es muy típico de los vinos blancos chilenos de los valles de Rapel, Curicó y el Maule.

Vemos también una botella que da la impresión de ser de un vino tinto. Por esa época, en Chile se pensaba que su cepa emblema era el Merlot y bebieron «Merlot» hasta 1994, cuando se descubrió que en realidad era Carménère, por lo que quizás ambos escritores disfrutaban en ese momento de un delicioso Merlot, que en realidad era Carménère. Por otro lado, las copas utilizadas distan mucho de las que actualmente se emplean, marcando una evolución en nuestra cultura del beber, ya que esas copas biseladas y oscuras no permitían apreciar las bondades del color de los vinos.

La música y los libros nos transportan a geografías, historias, suelos y paisajes que no tienen distancia ni tiempo, ya que cuando escuchamos una canción sucumbimos ante su melodía o cuando leemos un libro somos parte de esa historia. Lo mismo sucede con una copa de vino.
Marco Del Castillo Maldonado – Sommelier




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