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Ihla Grande, bella en toda su extensión

Su nombre la describe sin necesidad de dar datos numéricos, pero lo cierto es que Ilha Grande tiene 192 km2 de superficie, esto la convierte en la más extensa de la zona. Sólo se accede a través de vía marítima, aunque las formas pueden ser varias, en ferry, en barcos rápidos que reducen la mitad del tiempo y hasta en escuna (una clase de velero). Así, según el medio que se elija se tarda entre dos horas o media hora en llegar a la capital de la isla, la Vila do Abraão.

Ihla Grande/Angra dos Reis, Brasil

Ihla Grande/Angra dos Reis, Brasil/ Ph. @marcelocugliari

Una recomendación: hay que fijarse bien los horarios, los más económicos, los del ferry, salen desde la mañana hasta el mediodía, si se saca boleto de ida y vuelta hay una rebaja. Pero, esta vez el ferry ya partió y como hay que aprovechar el tiempo (a las 5 de la tarde sale el último desde Ilha Grande hacia Angra) hay que optar por el viaje corto. En el muelle espera la pequeña embarcación que llevará a la villa. El viaje a toda velocidad va dejando atrás el colorido puerto de Angra, cada tanto aparece una isla, se cruzan otras embarcaciones, el mar salpica en esos cruces que provocan viavenes. Casi parece una especie de rafting en el mar.

Una recomendación: hay que fijarse bien los horarios, los más económicos, los del ferry, salen desde la mañana hasta el mediodía, si se saca boleto de ida y vuelta hay una rebaja.

Lo que hoy convoca a turistas de todo el mundo, incluso a los propios cariocas que recalan en ella los fines de semana, hace muchos años tuvo una historia mucho más dramática y lejana del turismo y del buen vivir. Una historia que tiene que ver con esclavos y presidiarios. »Ilha Grande fue durante mucho tiempo un infierno «, cuenta el guía Gustavo. En el siglo XVIII, era la guarida de los piratas que esperaban el paso de los barcos a Río. Más tarde, se convirtió en un leprosario y durante el siglo XIX, la isla era usada para alojar a los esclavos que traían desde África, funcionaba como un lugar de paso donde se los tenía en cuarentena. Por el 1900, se construyó una prisión que funcionó hasta 1994, obteniendo una fama oscura por haber sido el lugar donde se alojaban presos políticos en la década del ’60. En la playa de Dois Rios se conserva las ruinas de este antiguo presidio que ahora se puede visitar. Desde que se cerró en 1994, la estrategia fue impulsar el turismo del lugar, siempre desde el cuidado ambiental. Una suerte de redención para su pasado no tan feliz.

Tuvieron que pasar cientos de años para que se pudieran disfrutar su conservada belleza natural. Recién hace una década que surgió con su fuerza como destino turístico, y tiene con qué atrapar a los visitantes: aguas transparentes, selvas, morros, escarpadas, pontones, planicies, ríos, cascadas y grutas y el Pico de Papagayo, el segundo punto más alto, que con sus 990 metros, visibles casi de todas las partes de la isla, es todo un símbolo para la Villa de Abrao. Entre historias de corsarios, piratas, esclavos y presidios que conservaron, sin saber, la naturaleza, se termina el viaje.

 Ihla Grande, Angra dos Reis, Brasilil

Ihla Grande, Angra dos Reis, Brasil / Ph @marcelocugliari

Desde el barco, se divisan una hilera de casitas bajas de colores vivos, amarillo, naranjas

Desde el barco, se divisan una hilera de casitas bajas de colores vivos, amarillo, naranjas. Las calles de arena confirman lo que ya había anunciado Gustavo: “En la isla no hay autos”. Salvo por los tres vehículos oficiales: un patrullero, un camión de bomberos y una ambulancia del puesto de salud, se anda a pie, en bicicleta, o en simpáticos carritos que los pobladores usan para trasladar equipajes u otras pertenencias. Aquí los únicos taxis que hay son “lanchas-taxi”, una opción más para recorrer la isla.

La rua Donna Romana divide el centro comercial del área ecológica, donde está prohibido acampar, hacer edificaciones y modificar el ecosistema. En el centrito hay muchos bares, hostels, posadas, lugares para comer. Está marcado por la iglesia que se eleva con el morro de fondo. Sólo bajar del muelle y afloran las agencias de turismo del lugar, donde sus operadores a viva voz ofrecen sus tours, que pueden ser pagados con tarjeta de crédito.

La isla ofrece muchas senderos (aquí se llaman “trilhas”) para explorar, la mayoría de ellas están dentro de la selva tropical y terminan en playas increíbles, como el mejor regalo para darse un chapuzón luego de la caminata. Las hay para todas la edades y estado físico. Desde 12 kilómetros para llegar a la playa Lopes Mendes por vía terrestre, hasta unos 35 km, que es el recorrido máximo: Dois Rios-Parnaioca-Dois Rios. Aunque los caminos están perfectamente señalizados, es muy recomendable contratar un guía que, además de brindar seguridad, aporta todos los datos y conocimientos del lugar.

El muelle se vuelve efervescente en los horarios que salen las escunas hacia las diferentes excursiones, se puede conocer la Lagoa Azul, las playas de Gurumixama, Frequesia de Santana, donde hay una iglesia construida por los jesuitas y la Praia do Amor, donde eligen las estrellas de mar aparearse. Pero, de todas las recomendaciones para hacer entre las 106 playas que ofrece la isla, hay una muy especial: la playa Lopes Mendes.

 Angra dos Reis, Brasil

Angra dos Reis, Brasil/ Ph @marcelocugliari

Ella, es la flor más bella. “Está dentro de las diez mejores del mundo”, “es hermosa pero hay que atravesar un morro para llegar”, “sólo personas entrenadas lo logran”, “son varias horas de caminata”, son algunas de las muchas frases que surgen cuando se menciona la Lopes Mendes.

Hay dos formas de llegar: una caminata que recorre casi toda la isla (para ésta, sí hay que estar en forma, se tardan entre 4 y 5 horas), o tomar un taxi boat o un escuna y llegar hasta playa Mangues- Pouso y después caminar por una “trilhas” que cruza el morro hasta la playa más buscada.

Faltan quince minutos para que salga la escuna con la excursión a la Lopes Mendes, cuando Pedro sale de una agencia de turismo con un folleto en la mano. “Todos lo pueden hacer, hay una subida de 7 a 8 minutos, luego es todo recto y por último, la bajada al mar. Yo lo hago en 15 minutos, pero puede llevar un poco más”, advierte en perfecto español. En una charla plagada de gestos, minimiza la dificultad para llegar a playa considerada una de las diez mejores del mundo. Su poder de convicción lleva a comprar la excursión.

El barco zarpa a las 11 de la mañana y su recorrido por la costa de la isla dura unos 50 minutos, donde van apareciendo lujosas casas con sus amarraderos o sus playitas, hoteles de lujo, rodeados de mucha vegetación. Ya cuando se baja al muelle coronado de morros de la playa Pouso, la fecha de un cartel anuncia el destino final. El jugo de un coco, cortado fresco al lado del mar, ayuda a encarar el trayecto, que se cumple tal como lo anticipó Pedro. La selva se descubre en su exótica belleza, los olores comienzan a alejarse de lo marino para convertirse en perfumes vegetales, en medio de la caminata aparecen simpáticos monitos que esperan que los visitantes les conviden galletitas. Un poco más de sendero y desde el punto más alto se alcanza a ver el mar entre la vegetación, un pedacito de ese color turquesa que anticipa mucho más. Hay que caminar un trecho corto y en bajada y de pronto, como saliendo de un túnel, aparecen en toda su magnitud los 2,5 km de la Lopes Mendes.

Todo lo que se leyó, vio, escuchó, no le sobra. Es hermosa. Las arenas amarillas de la Pouso mágicamente mutaron a un blanco puro, que cruje al caminar, los árboles la bordean dando una sombra muy reparadora a metros del mar. Varias tablas de surf anuncian la presencia de olas que rompen en un profundo turquesa.

Playa Lópes Mendes, Ilha Grande

Playa Lópes Mendes, Ilha Grande/ Ph Marcelo Cugliari

Varios puestitos de comida se desparraman por la arena, venden sándwiches, snacks y bebidas. Luego del merecido chapuzón en el mar y descanso incluido (aunque el tiempo se hizo poco, es mejor salir en las excursionas más tempranas), se desanda el camino por el morro, hay que tomar el barco que llevará de nuevo al puerto donde todo comenzó.

Son las cinco de la tarde, el horario de regreso al continente. Cuando la lancha parte rumbo a Angra se vuelve a leer la frase que dio la benvenida en un cartel en el muelle: “Si existe el cielo, no está lejos de aquí”. Cuentan que sorprendido por la belleza del lugar, la dijo un sacerdote portugués que vino en la segunda expedición a Brasil, en el siglo XVI. Nada mejor para describir lo que se siente cuando la villa comienza a desaparecer del horizonte del mar.

 




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