republica-de-waires

Claudio Larrea y su República de Waires

Desde los grandes ventanales del décimo piso se ve una ciudad gris. Una Buenos Aires a la que una garúa persistente tiñó de melancolía. Claudio Larrea vive y tiene su estudio en este departamento que tiene mucho de mítico. Piazzolla vivió aquí. No cuesta imaginar, al gran Astor, mirando a esta ciudad que hoy, con esta lluvia, se cuela en la habitación como una panorámica en blanco y negro. Tampoco cuesta imaginarlo a Claudio, mirando esta ciudad. Desde este lugar. Su lugar. “Donde supo encontrar el misterio, donde los sueños se esconden”. Como dice la letra de Youkali, una de las creaciones más hermosas del compositor alemán Kurt Weill, con la enigmática letra del poeta Roger Fernay. La comparación no es caprichosa, es la música elegida por él, para acompañar sus 27 obras en blanco y negro que componen la muestra República de Waires. La divina decadencia. Y que inaugura el 29 de septiembre en la galería Leku.  “Esta música fue escrita por Weill en los años 20, es un habanera que tiene algo de tango, y toda la música que voy a poner el día de la inauguración tiene que ver con esto de la música de tango leída por Europa central. Youkali es una poesía que cuenta sobre una isla que es un lugar remoto al que todo el mundo quisiera ir. Es como una Arcadia, es el lugar de nuestros sueños”, explica Larrea. La República, Hogares, Nocturno, Crisis, Ciudadanos y Soledad son los temas que recorre la muestra. Fotografías que parecen extraídas del Berlín de los años 20. Pero, es Buenos Aires. El nombre “República de Waires” tampoco remite a un capricho, y tiene mucho que ver con esa mirada del siglo pasado que Claudio confiesa tener.

¿Cuánto tiempo de gestación tuvo este proyecto?

Este proyecto lleva ya 3 o 4 años. Yo trabajo de manera errática cuando voy a sacar fotos. Soy como un cazador, voy viendo y encontrando imágenes, y después junto con mi curador, que es mi marido José Manuel (Elliot), se arman las series. Él es quien las va armando, va como leyendo entre líneas por dónde quiero ir. Es como que tiene un scanner y va entendiendo más qué tiene mi creatividad por dentro.

¿Por qué República de Waires?

Muchas personas me habían comentado que lo que veían en mis fotos -a través del Facebook- era que yo tenía como una mirada alemana,que era  muy expresionista a veces, que era un poco duro. Justo el cine del expresionismo, Fritz Lang, Murnau (Friedrich), Pabst (Georg Wilhelm), todos esos fotógrafos que surgieron en la época de 1920, en Berlín, tienen que ver con la República de Weimar. Y esa república fue a nivel cultural como un quiebre muy fuerte para lo que vino después. De ahí surgió la Bauhaus, surgió Kurt Weill, con todos sus musicales y la música de Cabaret, surgió Otto Dix,  Kirchner (Ernst Ludwing), Grosz (George): grandes pintores. Económicamente -y políticamente- esa época de la sociedad fue de mucho quiebre. La película Cabaret tiene mucho que ver con eso, porque está basada en las memorias del escritor que vivió esa época en Berlín.

Berlín era como el centro cultural y de desenfreno de toda Europa…

Sí, estaba París y Berlín. Y esa manera de mirar, después se trasladó, en los años 50, a Estados Unidos, con todos los exiliados del nazismo que se fueron para allí, y se creó el cine negro. Entonces, seguía esa cosa oscurantista, tipo Nosferatu. Hablando de eso con Jose (dicho así sin acento), un día, riéndonos, empezamos a hablar de la república de Waires. Weimar. Waires. Y ese neologismo calzó perfectamente con esa mirada, a veces, un poco irónica que yo tengo de Buenos Aires. Y a partir de ahí surgió Waires, y empezaron a aparecer fotos y fotos. Llegamos a tener hasta sesenta.

Luego, supongo, vino la difícil etapa de elegir qué se expone y qué no…

Lo más duro era saber qué se cuenta. Lo que decía Jose es que siempre lo más importante es que una sola foto pueda funcionar sin que esté todo el resto, cada pieza tiene que ser buena en sí misma. Si está al lado de otra y se potencia, perfecto. Pero tiene que tener una identidad en sí misma. Y eso trate de aceptarlo, porque era pelear por cada foto. Y resigné, dije: “Vos poné tu mirada, yo saco las fotos”. A partir de ahí, me relajé. Él me conoce y yo tengo confianza que lo que me dice no lo dice por marketing, me lo dice de corazón. Y así se armaron estas 27 fotos. La galería Leku está manejada por Leontina Etchelecu que es una historiadora del arte. Una persona muy interesante. Y, además, vamos a dar un par de charlas, junto con un historiador de fotografía argentina, sobre la influencia del cine expresionista en mis fotos. Y yo también lo quería llevar al cine negro americano, hacer como una especie de cruzamiento entre ellos.

La paz del silencio

Su papá padre era fotógrafo. Además de la profesión que tenía, era una manera de sumar unos “mangos” a la vida familiar. Tenía una cámara Kodak Retina Automatic III. Esa fue la cámara analógica con la que Claudio hizo sus primeros “pininos”. Luego, llegó un regalo: la Kodak Fiesta de plástico, y con esa practicó. “Cuando falleció mi papá me adjudiqué su cámara, pero un día se la presté a un amigo y se la robaron. No la pude tener nunca más –se lamenta-. Y empecé desde los 14 o 15 años. Siempre sacando fotos en silencio. Porque yo siempre trabajé con otros fotógrafos, era el productor fotográfico de otros fotógrafos”. Hasta que un día, dio con Eduardo Grossman y tímidamente le mostró unas copias que había hecho. “Están muy bien, lleválas a algún lugar”, le aconsejó Grossman. “Las llevé, pero esa persona no fue muy amorosa. Dejé diez años la cámara por la charla que tuve ese día. Por eso, aunque uno no conozca a quien tiene enfrente, tiene que ser muy amoroso porque no sabe lo que está cerrando, o abriendo. Hay que ser cuidadoso siempre”, reflexiona Claudio.

¿Cómo fue el retorno a la fotografía?

Viviendo en España, yo estaba con una camarita chiquitita, y Jose me regaló mi primera cámara cuando pasé al mundo digital. Y ahí empecé, viviendo en Barcelona, a sacar fotos. Pero, siempre estaba con el tema Buenos Aires.

Buenos Aires es tu tema…

Estoy como anclado, como atrapado.

Y estás en este lugar tan mítico…

Sí, mi estudio está en lo que era el de Astor Piazzolla. Aquí compuso Las cuatro estaciones y La milonga del ángel. Y aquí vino Borges, con su mamá Leonor, porque ellos hicieron un disco que se llamaba Tango. Y vivió casi 50 años Dedé, la madre de sus hijos Daniel y Diana. Así que toda esta casa ha tenido mucha influencia. Estoy protegido.

¿Qué sentís que te da la fotografía?

Silencio, me da paz. Logré después de tantos años de terapia y de tantas búsquedas externas, lo que estaba dentro de mí. Es el silencio, es lo que más felicidad me da.

¿Qué opinión te genera la fotografía contemporánea?

Hay cosas que me gustan mucho. Yo soy muy clásico, eso a veces es una condena. También es todo muy circular, así como se dejan de usar ciertas ropas y peinados, y luego vuelven. La moda ahora es tipo Duchamp (Marcel) y hacer cosas ocurrentes y carentes de calidad fotográfica, y eso ya forma parte de una fotografía contemporánea. Ahora, por ejemplo, hay toda una moda de gente que se apropia de negativos y los toma y hace otra foto. Entonces, ¿qué es?, ¿es la foto de él?, ¿es la foto del que se apropió? Todo es una especie de gran mercado, la fotografía contemporánea la respeto y me parece que es una tendencia, pero no me suscribo. No puedo entender una fotografía que tenga un texto de cuatro páginas para que me justifique qué es lo que estoy viendo.

Recién dijiste que eras muy clásico, ¿tu mirada siempre fue así?

Yo creo que mi mirada es del siglo pasado, hasta en la música. Yo estaría vestido todo el tiempo como en los ’50, por eso soy “Marcello”. Por eso me gusta tanto Kertész (André), Cartier Bresson (Henri), hay muchos fotógrafos que son mi influencia, Horacio Coppola, Grete Stern. Yo soy de esa época, soy como de los albores de la fotografía. Muchas veces cuando lo presento a gente conocida, que están en el mundo contemporáneo, me dicen: “Pero a quién le va a importar una foto que parece de los años 50 y 30, tenés que pensar más, tenés que rizar el rizo”. Y a mí me parece que uno tiene que ser auténtico, porque si hacés o trabajás para el mercado la frustración puede ser muy grande. Lo importante es que cada persona sea auténtica con lo que haga y quiera hacer, porque si no te vas a ir a dormir y vas a dormir muy incómodo.

 

lapiz-150x150La muestra República de Waires de Claudio Larrea se inaugura el 29 de septiembre y cierra el 28 de octubre, en la  Galería Leku, Arenales 1239, Planta Alta “P”, Calle de los Artesanos, CABA. Con texto curatorial de María Teresa Constantin.




No hay comentarios

Añadir más