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Andrés Paredes, artista visual

“Toda mi obra es una relectura del paisaje misionero”

El artista nacido en Apóstoles -a 60 kilómetros de Posadas-, reflexiona sobre su trabajo y cuenta cómo fue su entrada en el mercado de arte capitalino.

La ruta de tierra que lleva al arroyo Chimiray es roja. Tan roja como es la tierra misionera. Y se abre entre una vegetación verde. Tan verde. El contraste de los colores es perfecto. Desde Apóstoles, lleva menos de media hora en auto llegar al parque recreativo a orillas del arroyo. A este lugar viene -y ha venido desde pequeño- Andrés Paredes. Aquí nadó, anduvo en canoa, y jugó con el barro de la ribera. Sin saber, que en esos juegos infantiles se estaba gestando el futuro artista. “Fue la primera vez que tuve contacto con el arte, por decir de alguna manera. Cuando era niño jugaba en los arroyos con el barro que encontraba en las márgenes, una experiencia que todos los niños misioneros tenemos, y así nació Barro memorioso, una obra que para mí es muy importante y habla de la arqueología que tengo de recuerdos”. La instalación de la que habla Andrés, formó parte de la muestra 200 años: Pasado, presente y futuro, en el CCK.

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Andrés es diseñador gráfico egresado de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Misiones. Realizó talleres de grabado, dibujo, pintura, fotografía y escultura cerámica. Participó en arteBa y expuso en Fundación Proa, Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural Borges, Palais de Glace, entre otros. Sus obras también viajan al exterior, actualmente está exponiendo en Beirut. Sus calados son delicados trabajos utilizando la técnica de “scherenschnitte”, o papel cortado, desarrollada en Alemania y Suiza. Y también cala madera (placas de MDF), creando con sus manos entramados que remiten a las capas de la selva. “Siempre comienzo con un dibujo muy espontáneo que hago con tintas, con temperas, con lápices, con fibras, y voy construyendo una trama. Pero, esa trama finalmente pasa a ser un dibujo final cuando la trincheta pasa por arriba, y realmente decide lo que queda y lo que no queda. Todo el ejercicio anterior pasó a ser un boceto y este ejercicio de calar es lo que define la obra final”, explica Paredes.

El lugar donde naciste, y de donde nunca te fuiste, tiene mucha presencia en tu obra…

Mi obra tiene que ver con el lugar donde nací, donde crecí y donde están la mayoría de mis recuerdos que es la provincia de Misiones, que tiene un paisaje muy exuberante y es casi imposible trabajar sin el paisaje. Es una parte vital en mi inspiración. Yo por más que viajo a lugares, hacia arroyos o la naturaleza, no tomo un registro real de lo que hay, sino que vuelvo al recuerdo de haber estado ya en estos lugares o a otro tipo de recuerdos. Y toda mi obra es una relectura de este paisaje, de una manera contemporánea.

 

Cambio, cambio.

El que camine por la calle Florida, no dejará de ver unas enorme mariposas realizadas en hierro calado, en sus alas se puede leer la palabra “cambio”. Estas mariposas gigantes son obra de Paredes. “Hacen un juego y un chiste al cambio, donde la palabra más escuchada desde que uno entra hasta que sale en Florida es “cambio, cambio”. Pero, la pronuncian los vendedores de moneda extranjera”, se ríe Andrés. No son sus primeras mariposas, la primera que hizo, para la Bienal del Fin del Mundo, estuvo hasta hace unos días desplegando sus enormes alas caladas negras en el Centro Cultural Borges.

¿Por qué en toda tu obra las mariposas ocupan un lugar importante? 

Porque es un símbolo de la transformación. Y ahí se establece esa gran metáfora de la naturaleza con las mariposas, con las chicharras, las libélulas, que son insectos que no nacen siendo así sino que pasan por un proceso evolutivo hasta llegar finalmente a lo que son con una gran transformación. Y ese proceso yo lo relaciono con la posibilidad y el deseo que tiene todo ser humano de reinventarse, o de redefinirse, que es una posibilidad de cambio, de transformarnos y ser lo que queremos.

Cuando diseñaste las de la calle Florida, estudiaste las especies que habitaban en Buenos Aires. ¿Te fuiste convirtiendo en entomólogo?

El arte a mí me lleva por caminos muy diferentes y muy interesantes de explorar. Cuando tuve que hacer mi primera gran mariposa que era para la muestra tan importante de la Bienal del Fin del Mundo, comencé a investigar las especies. Porque quería tener la investigación perfecta, conocerlas, saber sus hábitos, cuáles son sus plantas hospederas. Realmente involucrarme. De hecho, cuando hice las de la calle Florida investigué especies nativas que viven en la ciudad de Buenos Aires. Y así llegué a ocho especies. Pero, el resultado final sólo conserva las relaciones del tamaño entre especies y la morfología exterior, la parte interna de las alas es parte de la imaginación. Tiene mucha reinterpretación personal.

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Siendo un artista misionero, ¿fue muy difícil entrar en el mercado del arte de Buenos Aires?

En el mundo del arte es bastante difícil de ingresar, y el arte contemporáneo es muy acotado actualmente en mi provincia, y la visión que se muestra en los museos es de pintura, prácticamente de paisaje, una pintura del 1900. Yo tuve la suerte de entrar en un concurso en el que el premio era exponer en arteBa. Y fuimos diez artistas misioneros y desembarcamos en esta feria que es el lugar perfecto, porque ahí pude conocer lo que eran los galeristas, los coleccionistas, los críticos. Y me compraron obras coleccionistas muy importantes, mi primera obra me la compró Juan Cambiaso. Y ahí empecé a tomarle el gusto de lo que era el arte profesional y a darme cuenta de que podría vivir de esto. Al año me fui a Buenos Aires y tuve mi primera muestra en la galería Agalma, que ya no está más. Y, al otro año, a los 26, entré en la galería Palatina y formo parte de esta galería desde hace once años. Y fue muy interesante.

¿Qué es la creación para vos?

La creación es un desafío y es algo que desde niño vengo estableciendo. Esos desafíos de esa conexión entre lo que uno imagina, y cuando uno lo imagina ya lo ve como realizado, y después se transforma. Para mi tiene mucha relación con dos cosas: fundamentales, una es el hacer manual, esa cosa de la artesanía de crear con la mano tanto en el barro, como la madera o el papel. Y por otro lado, un concepto de belleza que creo, y considero, que en toda mi obra está casi de una manera obsesiva. Tanto en la obra más fácil de ver que son los cuadros y las esculturas, abordando temas de la naturaleza. O en temas un poco más difíciles que son las vanitas o la fugacidad de la vida, en el caso de las instalaciones. Siempre en todo rige esa cuestión de la belleza y la armonía.

¿Qué desafíos te impone el futuro en cuanto a tus obras?

Me gustaría mucho hacer instalaciones participativas como Barro memorioso, donde el espectador tiene una participación. Y sería ideal que cada vez fueran más ambiciosas y más grandes. Sería ideal poder hacer obras efímeras, por más que para vivir uno necesita vender las obras. Pero va un poco de la mano, de obras que se venden en las galerías y por otro lado grandes obras en centro culturales. Es un poco lo que estoy haciendo ahora.




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